Reflexiones de cuarentena

Lo que está sucediendo en Colombia con esta pandemia me recuerda a un episodio que mi padre me contó sobre la segunda guerra mundial: la Alemania Nazi había roto el pacto de no agresión contra la URSS y tranquila se abría paso por los vastos territorios soviéticos. Los soldados rusos por miles se retiraban del campo de combate; mientras que Stalin parecía enclaustrado en el letargo amargo de la decepción

En Colombia podría estar pasando algo similar; un enemigo llamado coronavirus que se pasea tranquilo por los territorios colombianos, mantiene atemorizada a la población y a sus gobernantes incapaces de darle frente.

Apoyada por todos los sectores políticos, la estrategia de los gobiernos para “debilitar” a este virus-enemigo, que posiblemente ha aparecido para quedarse, ha sido la retirada, el aislamiento. Medida autoritaria que no ha conducido a la defensa del país, tanto como a un mayor empobrecimiento de la gente. Colombia está en recesión económica y, a pesar de todo, pretenden que el país siga escondiéndose.

Stalin fue un personaje controversial, del que pueden rechazarse muchas cosas, pero algo de él que me atrevo a defender es el liderazgo que tuvo para derrotar a los Nazis. No lo suficientemente tarde, Satalin salió de su letargo y, seguramente sin quererlo, le dio una mano al mundo occidental. La orden 227 fue clara: ni un paso atrás; todo aquel que lo diera mientras defendía la U.R.S.S. sería ejecutado por sus oficiales. Al parecer, fueron varios los ajusticiados ahí mismo en la línea de batalla; pero se doblegó la cobardía de ir al frente, el único camino posible para vivir.

Colombia debe emprender su propio camino. Las medidas gubernamentales no pueden ser la repetición de las medidas tomadas en los países ricos, pues, sencillamente las condiciones económicas, sociales de Colombia son muy distintas. Y sin embargo, esas han sido las medidas que se han tomado y se siguen tomando, llevándonos a una situación a un más precaria de la que teníamos.

La decisión política que debe guiarnos parece no estar en contra de la disposición de los colombianos a salir y ejercer su libertad; sino, más bien, tiene como su mayor obstáculo  el ejercito de limitantes de nuestros gobernantes; falta de liderazgo, de celeridad, de autonomía, de pertinencia, de responsabilidad. En sus lecturas es como si la población Colombiana se fuera a morir por el virus y, además, tuviera la capacidad económica para resistir en sus casas durante meses; nada más distante a la realidad.  Lo cierto es que la gente se muere por el virus, pero solo cierta población; los demás, parecen resistir lo suficiente para lograr la inmunidad colectiva. 

Stalin no solo se recuperó de su asombro y con determinación mantuvo a sus soldados en la primera línea, sino que los dotó con la tecnología para enfrentar con altura al ejército más poderoso y sofisticado de los años 40. Era tanta su determinación contra el enemigo que no desestimo la producción masiva y de avanzada de tecnologías útiles para vencerlo.

Es hora de emprender un camino dejando atrás el aislamiento y las estadísticas que sellan cada contagio como una derrota. No es buscando recursos para cubrir paupérrimamente el sostenimiento de una población que vive el día a día, es con la determinación y la autonomía de la gente de querer ser libres y crecer, de salir a las calles a recuperar la vida y no seguir acorralados por el miedo.

Queremos que la historia también termine heroica para Colombia, pero, para eso, la estrategia debe ser otra; afirmar la libertad y autodeterminación para darle frente al problema; revolucionar la producción nacional de implementos, equipos, medicamentos, vacunas, hospitales, centros de atención y de investigación. 

Antes que sea realmente tarde es momento de reponerse y empezar en serio a recuperar los espacios perdidos. Pero, nada podría hacerse mientras que nuestros gobernantes no se repongan al miedo ni asuman su responsabilidad para tomar las decisiones autónomas y valientes que reclama el país.    


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